miércoles, 17 de junio de 2009

Mitomanía


Dejé de mirar las cabras judías de Chagall,
dejé de escuchar a Tonino Carotone,a Manu-Chao, y a Mano Negra,
dejé de dormir por las tardes,
dejé de tomar té, a las siete de la noche, en mi taza morada,
dejé que me gustaran los dulces,
dejé de mirar el fútbol los domingos,
dejé de perderme entre sueños por aldeas europeas,
dejé de leer los cuentos de Ribeyro,
dejé de ver películas en la Casa España,
dejé de desvelarme los días impares,
dejé de cantar "la vaca loca",
dejé de jugar a la ruleta,
dejé de caminar de madrugada por parques,
dejé de desdoblarme y verme echado en mi cama,mientras todos duermen,
dejé de creer que voy por la calle, despistado,
dejé de hablarme solo,
dejé de odiar a la normalidad,
dejé de sintonizar radios extrañas por Internet,
dejé de ser sarcástico y ácido,
dejé de amar el frío y la lluvia,
dejé de deslumbrarme con viejos cementerios,
dejé de olvidarme las cosas en lugares olvidados,
dejé de comprarme cadenas que equilibran mi vida,
dejé de comportarme como gato,


dejé de escribir líneas fantasmas,
dejé de volar con las alas de Cortázar,
dejé de tener largas conversaciones con mis gatos en la azotea
dejé de buscarte entre la gente,tanta gente,
dejé de pensar en ti,antes de dormir,
dejé de escribirte cartas imaginarias,
dejé de perderme entre tus ojos marrones,
dejé de creer que me puedas querer,
dejé de creer que te amo.

Pero sobre todo, tú y yo, sabemos que nada de esto es verdad.

lunes, 8 de junio de 2009

Preguntas; espejismos, o no?


A veces hay algunas preguntas que uno no debe de hacer, o no debería de hacer. No por la gravedad de la pregunta, sino por lo que te van a responder. Hay que tener huevos para preguntar algunas cosas, es un riesgo que corres y más aún si el riesgo es grande, de verdad.
Riesgos que te pueden hacer caer, de un momento a otro, sin que importe nada. Pero este riesgo también puede hacerte cagar de risa y correr como loco por las calles, pateando botes de basura y nadar en piletas.


Siempre he preguntado todo, y más aún cosas que sonrojarían a cualquiera, temas que la gente prefiere no tocar, ya por verguenza, por miedo, por prejuicios, o porque las hermanas marianistas la escomulgarían.

Sucede que hoy, a mis 22 años una pregunta, incierta, se pierde en mi laringe y no puede parir, no puede ver la luz, todavía. Bastarda pregunta que no quiere salir, se esconde entre las ramas de árboles sin sentido.

Horrorizado por lo que me sucede he tratado más de 34 veces y de 27 formas preguntarle a ella, por la puta madre, qué cabrón puedo llegar a ser. Una casa verde, sucia me salva por el camino. Casi la cago. Dos o tres frases geniales disfrazaron mi deslíz. Yo ya no decido el camino.

Después de pensarlo mucho, por las tardes, mientras duermo, supe que hay preguntas que no existen, por eso nunca se podrán hacer. Una taza de té acompaña este pensamiento y me hace creer que aquella pregunta, la mía, la que dejó de ser pregunta, se convertirá simplemente en respuesta, y será un día en el que alargaremos el después y te pueda tomar de la mano, hasta el fin, sin un fin.