lunes, 8 de junio de 2009

Preguntas; espejismos, o no?


A veces hay algunas preguntas que uno no debe de hacer, o no debería de hacer. No por la gravedad de la pregunta, sino por lo que te van a responder. Hay que tener huevos para preguntar algunas cosas, es un riesgo que corres y más aún si el riesgo es grande, de verdad.
Riesgos que te pueden hacer caer, de un momento a otro, sin que importe nada. Pero este riesgo también puede hacerte cagar de risa y correr como loco por las calles, pateando botes de basura y nadar en piletas.


Siempre he preguntado todo, y más aún cosas que sonrojarían a cualquiera, temas que la gente prefiere no tocar, ya por verguenza, por miedo, por prejuicios, o porque las hermanas marianistas la escomulgarían.

Sucede que hoy, a mis 22 años una pregunta, incierta, se pierde en mi laringe y no puede parir, no puede ver la luz, todavía. Bastarda pregunta que no quiere salir, se esconde entre las ramas de árboles sin sentido.

Horrorizado por lo que me sucede he tratado más de 34 veces y de 27 formas preguntarle a ella, por la puta madre, qué cabrón puedo llegar a ser. Una casa verde, sucia me salva por el camino. Casi la cago. Dos o tres frases geniales disfrazaron mi deslíz. Yo ya no decido el camino.

Después de pensarlo mucho, por las tardes, mientras duermo, supe que hay preguntas que no existen, por eso nunca se podrán hacer. Una taza de té acompaña este pensamiento y me hace creer que aquella pregunta, la mía, la que dejó de ser pregunta, se convertirá simplemente en respuesta, y será un día en el que alargaremos el después y te pueda tomar de la mano, hasta el fin, sin un fin.

1 comentario:

  1. oh!!! vaya... entonces algún día te atacaré con preguntas PREGUNTONAS.

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