
Dicen que cuándo algunas cosas te empiezan a ir mal,le continúan cosas peores y peores, y aún peores. Pues yo creo que estoy en la segunda etapa.Supongo que debería estar mal; tirado en mi cama, pensando, leyendo, recordando, alucinando. Debería estar dejando que pase el día, atiborrado por pensamientos que no dejan estar tranquilo.
Lo raro es que,hoy, sucede todo lo contrario. Debería estar destrozado, partido, bajoneado, derrotado. Pero nada, no pasa nada. Duermo temprano, todo un logro cuando tienes tiempo libre. No siento la necesidad de hacer algo, estoy tranquilo realmente.
Ayer, después de mucho tiempo ví a mi mejor amiga. Ella, loca como siempre. Su jean verde manchado con oleo, sus lentes de gansa y sus zapatillas de cabra.
Paseamos por Lima, a eso de las 9 de la noche. Hablamos de muchas cosas, de su vida, de mi vida. Me dijo una frase que me conmovió " ME SIENTO IRREAL" . Contrastó, entonces, con lo bien que me sentía. Pensé que yo me debería sentir así, fuera de la frecuencia, de la sintonía del mundo, pero nada, no pasa nada.
Sentados en las escaleras de la catedral de Lima, con miedo a que se le escape una bala a los francotiradores(escondidos por pequeños triángulo en lo alto de Palacio de Gobierno) me contó que en su último viaje a México, estuvo en una de las playas del Caribe, una muy turística, dónde la diversión se cree que nunca muere. Lo trágico es que ella estuvo paseando por ahí a las once de la noche, cuándo las galerías empiezan a cerrar, la gente se empieza a ir, el cielo empieza a caer. Entonces en su caminata de dos kilómetros por ahí, sintió una sensación de tristeza, de soledad, de no ser parte de este mundo. Pues, pasa que ahora ella se sentía así como me lo dijo " IRREAL", ojo, y sin tener que ir al Caribe para descubrir esto.
Aunque paresca inverosímil, mientras me narraba esto, el ambiente empezó a tornarse como en la historia, las calles de un momento a otro se volvieron solitarias y tristes, incluso recuerdo que pasamos por una calle muy oscura, y lo raro es que no tuve miedo de estar ahí, a pesar de los indigentes y la gente extraña que rondaba.
Mi amiga y yo notamos esto, la emoción se estaba perdiendo por la avenida. Situación que se acentúo más cuándo la acompañé a su casa, la caminata por calle La Paz, en Miraflores, realmente fue muy desolada y casas, árboles, carros, postes, todos sin emoción. Pensé que esto cambiaría al llegar a una avenida grande, pero cuándo llegamos a Pardo, no cambió nada. Se podría pensar que esto sucedió un domingo o un feriado, nada de eso, fue un miércoles, un miércoles normal en teoría, extraño en la "irrealidad".
A pocas cuadras de la casa de ella cruzamos un árbol, pequeño, pero ancho. Nos quedamos helados cuándo vimos y sentimos las gotas, como de lluvia que caían bajo este árbol, salimos del árbol y constatamos que en la calle no llovía,pues era naturalemente imposible lo que pasaba. La lluvia sólo era privilegio de este pequeño espacio, bajo el árbol.
Sin duda, por cosas que sólo el destino tiene, ese suceso tan irreal de la lluvia bajo el árbol, nos devolvieron esa emoción, esa emoción de sentir que somos reales, y que a veces uno necesita de cosas irreales para volver a la realidad.
Estoy de acuerdo: a veces uno necesita de cosas irreales para volver a la realidad
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